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Buques de la Armada española a través de la fotografía (1849-1900)
Autor: J.L Coello Lillo
Esta obra, fruto del trabajo de dos autores que han logrado reunir un conjunto de fotografías de indudable valor, en buena parte inédita y muy dispersa por museos, archivos y colecciones privadas, arroja luz sobre un periodo histórico en ocasiones poco conocido, proporcionando una visión gráfica muy completa de la historia de la Armada española del siglo XIX, centrada en los periodos isabelino y de la Restauración.

Los dos autores han seleccionado más de doscientas imágenes en las que se pueden apreciar detalles de los cascos, los interiores y las superestructuras de los barcos que de otra forma pasarían desapercibidos por no constar en los planos y diseños de construcción, la mayoría de muy difícil acceso o simplemente desaparecidos. En cada ilustración se consigna las características principales e historial del barco de forma amena y meticulosa, mediante textos informativos de los buques y sus actividades más destacadas.

1849 es la fecha de la fotografía más antigua que se conoce de un buque de la Armada Española, en concreto el antiguo navío de tres puentes San José, botado en 1783. La obra se cierra en 1900, no como año límite de obtención de imágenes, sino como origen de los buques en ellas representados; ejemplo de ello es el segundo crucero Reina Regente, terminado en 1910, pero cuya construcción fue autorizada a finales de 1895.

El libro está dividido en dos partes. Una primera referida a la «Marina Isabelina», en la que se puede contemplar fotografías de navíos, vapores de ruedas, fragatas de hélice, blindadas, corbetas y goletas así como la Escuela Naval Flotante y una segunda parte titulada «De la Restauración a la Guerra del 98», en la que se nos muestra el acorazado Pelayo, cruceros, torpederos y destructores, el submarino Isaac Peral, cañoneros, yates y el Buque escuela Nautilus, entre otros.

Por otra parte el periodo histórico elegido resulta sumamente interesante para conocer fotográficamente el desarrollo de la construcción naval de la época y la tipología de los barcos que sirvieron en la Armada durante la segunda mitad del siglo XIX.

Desde 1843 se abre una etapa de notable expansión en la Marina, que durando hasta 1868, se concreta en una acertada política de rehabilitación de arsenales y de incrementado de la construcción naval, y se completa con adquisiciones selectivas realizadas casi siempre en el Reino Unido, Francia y Estados Unidos.

Este período coincide con los profundos cambios que sufrirá la tipología de los buques de guerra durante el segundo tercio del siglo XIX: tras la aparición del vapor y la propulsión de ruedas, surge la hélice. En España, mucha de la producción de los barcos de hélice tiene su origen en el plan del marqués de Molins de 1854 y las leyes promulgadas durante los ministerios de Mac Crohon y de Juan de Zabala. La construcción de fragatas de hélice de casco de madera y fragatas blindadas constituyen la columna vertebral de la Armada durante más de veinte años y coloca a España en el cuarto lugar entre las potencias navales europeas.

A ello contribuye la campaña de Crimea(1854-1856), en el que el éxito alcanzado por el almirante Bruat gracias a las baterías flotantes de hierro en la toma del fuerte ruso de Kil-Bouroun en el estuario del río Dniéper supone el inicio del ocaso del buque de madera y el nacimiento del dotado de casco metálico. La Armada, que no es ajena a esta corriente innovadora, pronto se incorpora a ella, con seis fragatas blindadas de buen diseño, espoleada también por las enseñanzas obtenidas en los bombardeos de Arcila y Larache durante la Guerra de África (1859-60), donde tantas bajas se podrían haber evitado disponiendo de buques acorazados.

La revolución de septiembre de 1868, causa del destronamiento de la reina Isabel II, supone un colapso en el desarrollo de la Marina y de las construcciones navales. El posterior comienzo del reinado de Alfonso XII (1874-1885) significa para la Armada un incremento de las órdenes de encargo de buques. En 1884, el contralmirante Juan Bautista Antequera se encarga de la cartera de Marina. Apoyado por Cánovas del Castillo, presidente del Consejo de Ministros, acomete la tarea de renovar el material de la Escuadra, impulso continuado por Beránger y Rodríguez de Arias entre otros, pero cortado por el resultado adverso de la guerra de 1898, causa del inicio de una década de introspección y revisionismo.
Precio:23.74 €
Encuadernación:
Nº de pág: 280
Medidas: 33x24 cms
ISBN: 84-95088-37-1
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